La planeación turística tradicional padece una ceguera estructural de origen: Muchas veces se diseña de manera vertical desde los escritorios ejecutivos de corporaciones transnacionales. El resultado de este viejo modelo —cuyo reflejo más nítido son polos masivos como Cancún u otras playas de alto impacto turístico en México— suele ser una estela de desplazamiento social, gentrificación y asimilación de las culturas locales, reducidas a meros ornamentos de consumo. Frente a este panorama, las ciencias sociales de frontera proponen invertir radicalmente el paradigma: el turismo no debe ser una imposición externa que coloniza el territorio, sino una construcción social de abajo hacia arriba que emerge desde las entrañas de las bases comunitarias. La ventaja competitiva real de Chiapas no radica en replicar modelos hoteleros de concreto, sino en blindar y potenciar su flora, su fauna, sus tradiciones y, sobre todo, sus formas de vida comunitaria como activos socioculturales invaluables.

Esta deconstrucción metodológica es el núcleo de la labor científica de la Dra. Jesús Esperanza López Cortés, investigadora y docente con 30 años de servicio en la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH), adscrita a la Facultad de Contaduría y Administración. Tras sistematizar más de una década de interacción directa con comunidades rurales del estado —un esfuerzo de largo aliento plasmado en su obra fundamental Turismo Rural Sostenible en Chiapas—, la doctora demuestra que el papel de la academia no es dictar el rumbo de los pueblos, sino fungir como un puente técnico que dota de herramientas a las preexistentes estructuras de organización basadas en el honor, el parentesco y la confianza.

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La metáfora cinematográfica: ¿Quiénes son los verdaderos protagonistas?

Uno de los mayores desafíos de las ciencias sociales es traducir la abstracción de las metodologías cualitativas en herramientas digeribles y apropiables para la sociedad. Para resolver esta brecha, la Dra. López Cortés diseñó una brillante analogía participativa construida junto a las propias comunidades: la metáfora de la filmación cinematográfica.

  • 🎬 Los Actores Principales: Son los miembros de la comunidad, los productores y los artesanos. Sin ellos, no hay narrativa; el guion pierde sentido.

  • 🎬 El Escenario: Representa el entorno ecosistémico, la biodiversidad y las costumbres milenarias que se deben conservar y salvaguardar.

  • 🎬 La Producción y Dirección: Integrada por las instituciones gubernamentales y la universidad, cuya única función es inyectar capital, estructura y asesoría técnica, sin alterar la trama interna.

Bajo este modelo conceptual, una vez que la "película" se filma de manera colectiva, el turismo rural sostenible deja de ser un producto empaquetado para convertirse en un legado vivo que la propia comunidad sostiene, gestiona y defiende a lo largo del tiempo.


De la sociología de la playa a los telares de Berriozábal

El rigor metodológico del proyecto no nació de la improvisación. Tras analizar la sociología del desarrollo turístico en los litorales de Puerto Arista, la doctora López Cortés adaptó y trasladó ese marco analítico al municipio de Berriozábal, gracias a un convenio de colaboración institucional entre el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNACH y la presidencia municipal. El reto histórico era complejo: reactivar la economía local de los artesanos en el escenario post-pandemia.

La intervención científica articuló un modelo transdisciplinario basado en tres vectores de la sostenibilidad: El eje social (colocando a los actores originarios en la toma de decisiones), el eje económico (mitigando la falta de ventas mediante estrategias de comercialización identitaria) y el eje ambiental/cultural (aprovechando los saberes tradicionales y el cultivo de plantas endémicas en viveros).

La investigación decantó además en innovación tecnológica con sentido humano: Se diseñó un blog digital institucional donde cada artesano cuenta con perfiles personalizados y códigos QR distintivos. Al escanearlos, el visitante no solo accede a catálogos de hamacas y artesanías, sino a la geolocalización y a la historia viva detrás de cada pieza, eliminando intermediarios y generando un impacto comercial directo y medible.


Historias vivas y el relevo generacional de la ciencia

La ciencia social cobra rostro a través de sus protagonistas. La investigación de la doctora capturó el legado de Don Gustavo Morales, un emblemático artesano textil de Berriozábal reconocido en su momento como Tesoro Humano Vivo por Marca Chiapas. Don Gustavo, quien lamentablemente falleció un año después de concluido el estudio, dejó plasmada en la obra una fotografía histórica junto a su hijo y su nieto: tres generaciones unidas por el arte de tejer hamacas, transitando desde el uso ancestral del ixtle hasta los hilos contemporáneos.

Para que este conocimiento no se desvanezca, la extensión universitaria de la UNACH mantiene un canal abierto y permanente en el territorio. Los hallazgos de esta investigación nutren directamente las aulas de programas como la Licenciatura en Gestión de la Micro, Mediana y Pequeña Empresa. El objetivo de frontera es que los hijos de los propios productores se apropien de este saber técnico, lideren la formalización legal de sus colectivos ante notario público y accedan a financiamientos. Así, la universidad garantiza la defensa activa de los DERECHOS HUMANOS económicos y culturales de los pueblos originarios, logrando que la semilla de la sostenibilidad continúe dando frutos para las futuras generaciones de Chiapas.

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Nota: Los datos para adquirir la obra Turismo Rural Sostenible en Chiapas, así como otras publicaciones de la autora en la revista indexada de la universidad, I+D UNACH, se presentaron recientemente en el programa universitario Horizonte Sur, Ciencia y Territorio, producido por la Dirección General de Investigación y Posgrado. Toda la información está disponible en www.dgip.unach.mx.


Texto: Yadira Fontes García / Divulgación de la Ciencia y el Conocimiento UNACH

Imagen: Dirección General de Investigación y Posgrado (DGIP)