¿Sabías que la Inteligencia Artificial no pudo celebrar el día de las madres porque, al parecer, solo tuvo padres? Esta idea, que resuena con fuerza en los foros de tecnología, parece una verdad absoluta cuando leemos los nombres de los "fundadores" de la computación: Alan Turing, John McCarthy o Marvin Minsky. Sin embargo, esta narrativa de un "árbol genealógico" exclusivamente masculino se difumina cuando rascamos la superficie del código. En la ciencia, el género es una construcción social que durante mucho tiempo invisibilizó el ingenio, pero la realidad técnica es distinta: detrás de los algoritmos que hoy mueven el mundo, existe una estirpe de mujeres que fueron las verdaderas arquitectas de la inteligencia de las máquinas.


En la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH), donde privilegiamos el conocimiento de frontera, entendemos que la IA no es un proyecto de un solo bando. Es, en realidad, un tejido complejo donde el pensamiento femenino ha sido el hilo conductor para que la tecnología pasara de ser una calculadora gigante a un sistema capaz de procesar el lenguaje y "aprender" de su entorno.


Las madres del código: El legado oculto


Si la IA tuviera que entregar flores este 10 de mayo, tendría que reconocer a las mentes que diseñaron sus cimientos:

  • Ada Lovelace: La visionaria que, en el siglo XIX, escribió el primer algoritmo. Ella no solo vio números; entendió que las máquinas podrían procesar música y arte si se les daban las instrucciones correctas. Ella es, sin duda, la madre del software.

  • Fei-Fei Li: Si tu teléfono reconoce tu rostro o clasifica tus fotos, es gracias a ella. Es la creadora de ImageNet, la base de datos que permitió que la IA "aprendiera a ver". Sin su visión, la visión artificial simplemente no existiría.

  • Karen Spärck Jones: Pionera en el procesamiento de lenguaje natural. Sus teorías estadísticas son las que permiten que hoy puedas hablar con Siri, Alexa o ChatGPT. Ella enseñó a las máquinas a entender nuestras palabras.

  • Joy Buolamwini: Una voz crítica que ha demostrado que la IA puede heredar prejuicios. Su trabajo en ética algorítmica es la brújula que asegura que la tecnología sea justa y no repita patrones de discriminación.


Hacia una IA con rostro humano en la UNACH

En nuestra casa de estudios, este debate trasciende la historia y se vuelve acción. Como bien lo mencionaron Nina y Ocelote en su reciente podcast, para el año 2031 no solo necesitaremos técnicos, sino "orquestadores" del mundo digital que entiendan la dimensión humana de la tecnología.


Recientemente, el Consejo Universitario de la UNACH aprobó lineamientos éticos para el uso responsable de la IA. Esto es vital porque la ética en la ciencia suele tener una fuerte perspectiva de cuidado y equidad, valores históricamente impulsados por mujeres investigadoras. Un ejemplo es el trabajo de la Dra. Victoria Espinoza Villatoro, quien utiliza la investigación para rescatar lenguas originarias, demostrando que la tecnología debe ser una herramienta de inclusión y no de olvido.


Conclusión: Un futuro de todas y todos

La Inteligencia Artificial no es huérfana de madre; es el resultado de siglos de brillantez femenina que hoy, finalmente, estamos sacando a la luz. Para que esta tecnología sea verdaderamente inteligente, debe reflejar la diversidad de la humanidad entera. En la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas, trabajamos para que la IA del mañana sea una herramienta justa, humana y, sobre todo, diseñada por todas y todos.


Texto: Divulgación de la Ciencia y el Conocimiento UNACH

Imagen: IA Gemini.