La sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios contemporáneos se encuentra en una encrucijada crítica, donde el paradigma de la revolución verde —caracterizado por el uso indiscriminado de insumos de síntesis química— ha comenzado a mostrar sus límites biofísicos a través de la degradación acelerada de los suelos, la eutrofización de ecosistemas acuáticos y el incremento exponencial de los costos de producción. Frente a este escenario de vulnerabilidad ambiental y económica que afecta directamente al sureste mexicano, cabe hacernos una pregunta fundamental desde la perspectiva de la ecología de fronteras: ¿Es posible deconstruir las prácticas agrícolas tradicionales y restaurar la resiliencia de las tierras de cultivo mediante el aprovechamiento de la biodiversidad microbiana nativa?

Como una respuesta científica y metodológica a esta problemática, la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH) impulsa investigaciones de vanguardia orientadas a la transición ecológica del agro. En una reciente ceremonia institucional encabezada por el rector de la máxima casa de estudios, el Dr. Oswaldo Chacón Rojas, se otorgó un reconocimiento formal a los académicos que lideran el desarrollo científico en la entidad. Entre los galardonados destaca el Dr. Irving Oswaldo Velázquez Ríos, docente e investigador de la Facultad de Ciencias Agronómicas, Campus V, con sede en la región Frailesca (Villaflores), quien encabeza un proyecto clave centrado en la bioprospección de microorganismos de interés agrícola para mitigar el impacto de los agroquímicos.

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Bioprospección microbiana: Desbloqueando la tecnología viva del suelo

La bioprospección consiste en la exploración sistemática de la biodiversidad para identificar organismos con propiedades y funciones de alto valor biotecnológico. El equipo científico liderado por el Dr. Velázquez Ríos explora diferentes sistemas de cultivo y entornos naturales con el objetivo de aislar bacterias y hongos benéficos nativos que ya habitan en el suelo chiapaneco, garantizando así su adaptación adaptativa al territorio.

El núcleo de la investigación no se limita al aislamiento de estos consorcios microbianos, sino a descifrar con precisión milimétrica qué funciones ecológicas desempeñan dentro del ecosistema. Los científicos de la UNACH centran su atención en tres procesos biogeoquímicos vitales para la vida vegetal y la nutrición de los cultivos:

  • 🦠 El ciclo del carbono: Indispensable para la retención de humedad, la estructura porosa y la fertilidad a largo plazo de la capa arable.

  • 🦠 El ciclo del nitrógeno: Proceso mediante el cual los microorganismos fijan este elemento atmosférico y lo transforman en una fuente asimilable para las plantas, reduciendo la necesidad de urea sintética.

  • 🦠 Movilización de nutrientes esenciales: La capacidad metabólica de ciertos microorganismos para "desbloquear" minerales como el fósforo o el potasio que se encuentran fijados en la matriz del suelo, permitiendo su absorción radicular de manera eficiente.

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Un triple impacto: Hacia la soberanía y la sustentabilidad

Al transferir estos conceptos complejos del laboratorio a la praxis del productor agrícola, el Dr. Velázquez Ríos explica que el objetivo final es el diseño de estrategias de biofertilización. En términos científicos, se trata de sustituir de manera gradual los fertilizantes sintéticos por "fertilizantes vivos" o bioinsumos formulados a partir de la propia microbiota local, lo que impacta de forma directa en el respeto a los Derechos Humanos relacionados con un medio ambiente sano y una alimentación adecuada.

Este cambio de paradigma genera un triple impacto positivo en el territorio:

  • 🦠 Ecológico: Mitiga la lixiviación de químicos hacia los mantos acuíferos y disminuye significativamente la huella de carbono asociada a la manufactura de fertilizantes químicos industriales.

  • 🦠 Productivo: Regenera la estructura orgánica de la tierra, incrementando su resiliencia frente al estrés hídrico y optimizando el rendimiento de los cultivos a mediano y largo plazo.

  • 🦠 Económico: Al potenciar la biodiversidad edáfica local, se reduce la severa dependencia económica que los agricultores mantienen con los costosos insumos químicos importados, estabilizando la economía interna.

El reconocimiento otorgado por la rectoría de la UNACH subraya la pertinencia social y el rigor científico de las investigaciones generadas en el Campus V de Villaflores. Al trasladar la microbiología del laboratorio directamente a los campos de producción de la Frailesca, la máxima casa de estudios no solo genera conocimiento original de alta gama, sino que aporta soluciones viables para guiar a Chiapas hacia una soberanía alimentaria sustentable y en perfecta armonía con el entorno ecológico.

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Texto: Yadira Fontes / Divulgación de la Ciencia y el Conocimiento UNACH

Imagen: Dirección General de Investigación y Posgrado (DGIP)